Después de haber pololeado mucho tiempo, cualquier atisbo de posible romance con ribetes de seriedad provoca automáticamente las ganas de salir escapando. Y es que hay una serie de situaciones incómodas que a esta altura de la vida (en verdad siempre) dan lata volver a vivir, veamos:
1) Presentación en sociedad: Una de las cosas más lateras de una relación cuando la cosa parece funcionar bien es el paso de compartirlo con el resto:
- Anda a almorzar a mi casa
- ¿A tu casa, un domingo?
- Si, es el cumpleaños de mi papá, estará toda la familia y quiero que te conozcan...
(Fin de la conversación)
Todo mal, es que todo... Son en esos momentos en que uno se siente más observada(o), como si cada acto lo estuvieran evaluando y fingir es peor, se nota enseguida. El último año y medio, he perdido el interés por algunos chiquillos cuando me hablan de conocer mamás, abuelas, hermanos... me da lata, lo juro que es eso, pasar por la odiosa evaluación; entrar a una casa, encariñarme y luego no saber cómo salir de ahí. Y qué hablar de la presentación ante los amigos, una prueba de fuego que en muchos casos hace peligrar el futuro de la relación.
2) Control de mi tiempo: Otra de las razones para salir arrancando del compromiso es que uno se acostumbra a su espacio, hacer las cosas que quiere a la hora que te da la gana, hacer y deshacer panoramas, dormir todo un día, ufff. Todo sin la presión de pensar en dos, donde hay que calzar los horarios para verse, correr panoramas, levantarse aunque no tengas ganas...
- Salgamos a pasear, subamos el everest y acampamos en la cima
- ¿Y tiene que ser hoy? es que estoy cansada
- Pucha ohh, siempre es lo mismo. Yo inventando panoramas y nada, acaso no te entretienes conmigo.
- Amor, si no es eso... es que estoy cansada y no me quiero ni levantar
Él obvio que no te cree y a ti te da lata romperle el corazón diciéndole que en verdad no te seduce tanto la idea. Pero finalmente lo haces igual, si no se ven hoy, mañana tu no puedes y bla bla...
3) Dar explicaciones: Cuando ya pensábamos superada la etapa en que le debíamos explicaciones a nuestros viejos, de dónde estás, con quién, a qué hora llegarás, llega este tipejo y, se transforma de repente, en el peor controlador.
- ¿Dónde estás, te he llamado todo el día y no contestas, para qué tienes celular?
- Ay es que salimos con las chiquillas a tomarnos algo y se nos pasó la hora (bajándole el perfil)
- Mmmm ya ¿y están solas? Qué te apuesto que salieron con el Manuel, ese amigo tuyo que siempre te ha tenido ganas…
- No, para nada… vinimos sólo nosotras.
- Mmm no importa, avísame a la hora que terminen y te paso a buscar.
Y uno siente que volvió a los 15 y que en vez de pololo tiene a un encarcelador (¬¬)
4) Desconfía hasta de tu hermano chico: Tu amado no puede entender que si decidiste estar con él es por porque “renuncias” a estar con otros. Y es que todo iba bien hasta que le viene un ataque de inseguridad y se pone celoso de cualquier hombre que esté cerca.
- ¿Viste cómo te miró?
- Cómo siempre no más
- ¿Así que siempre te ha mirado así, desnudándote con la mirada y con los colmillos afuera?
- Ay que le pones color, es mi amigo de toda la vida
Y aunque trate de hacerse amigos de tus amigos (para mantenerlos cortitos) tu sabes que en el fondo no cree en ellos y tampoco entiende que entre los códigos de amistad que manejamos están la extrema confianza y el cariño. Y qué hablar de los ex, si terminaste en buena y siguen teniendo una buena relación, será una sombra que los seguirá por siempre, aunque se haga el indiferente y buena onda.
5) Estar pendiente de cada detalle: Aunque suena egoísta y en extremo frívolo, es una lata cranearse regalos de navidad, cumpleaños, cumple mes… cuando ya pasaste las 5 primeras fechas y ya le regalaste el libro que le gustaba, el cd que quería hace tiempo, la polera que se detuvo a mirar cuando fueron al mall, ya nada, pero es que nada se te ocurre y pierdes horas y horas tratando de pensar en algo, llegando al punto de hacer cosas con tus propias manos (para que tenga más valor), aunque nunca fuiste buena para las manualidades y así le llenas la pieza de marcos de fotos, tarjetas, peluches…
- Uhh gracias mi amor, justo que quería (mirando con cara de ¿qué cresta es esto?)
- Estuve tejiendo más de un mes la bufanda, para que no pases frío
- Gracias, aunque ya se está acabando el invierno, la usaré siempre
Pobrecito, para no romperte el corazón cuelga cada cosa y hasta usa la bufanda que le tejiste. Y uno sigue perdiendo el tiempo en idear un regalo perfecto, tratando de achuntarle y regalándole cosas que por pena agradecerá.
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En definitiva… después de tanto tiempo en el club de las solteras, lo más adecuado en este momento sería tener un amigo buena onda, cariñoso cuando yo quiera, que no ponga atados, que no pregunte, que no moleste… Pero tengo claro que estas cosas se me olvidarán cuando llegue "el indicado" y volveré a tejer como enferma, querré conocer sobrinos, no me importará ser controlada y hasta me sentiré feliz cuando me cele. Por Dios, cómo nos cambia el amor!!